El
poder de la mente va más allá de lo que solemos pensar. Nuestra mente es
maravillosa y va mucho más vasta de lo que imaginamos. Más allá de la
conciencia existe un mundo por descubrir donde enterramos nuestros miedos,
incertidumbres y esos impulsos que nos parecen inaceptables.
La toma de conciencia es, por encima de todo, un
despertar. Es abrir los ojos desde el interior para hacer
consciente lo inconsciente y así poder dar el paso e iniciar toda una
necesitada revolución personal. Solo entonces seremos capaces de sanarnos, de
desprendernos de lo que hace daño y, sencillamente, avanzar hacia lo que
merecemos.
Son
muchos los filósofos y sociólogos que definen la sociedad actual como una
entidad dormida. Vivimos centrados
en nuestro “yo”, pero es un yo que otros se han encargado de “narcotizar” a
través de los hilos del consumismo. Un interés ajeno que ha explotado esa
eterna insatisfacción, por la que siempre ansiamos alcanzar mucho más de
lo que ya tenemos.
No se trata solo de hacer consciente lo
inconsciente, sino darle una nueva construcción. Por ejemplo,
yo puedo tomar conciencia de una de mis limitaciones: mi incapacidad de poner
límites o de decir “NO”. El
subconsciente no solo es el lugar donde se esconden algunos de nuestros miedos
y creencias limitantes, sino que también es una fuente maravillosa de
creatividad y nos puede ayudar a solucionar problemas.