Las palabras tienen poder, nos ayudan a conectar con
las personas, a designar y dar forma a lo que nos rodea.
Existen personas que ponen corazón en todo lo que
hacen. Las delata el
brillo de sus ojos, el color de su sonrisa y la intención vestida de amor en
cada uno de sus actos. Son esas que siempre aparecen para arroparte cuando ni
siquiera te has dado cuenta de que temblabas de frío, las que te proponen un trueque
de risas por tristezas y las que siempre están dispuestas a ayudarte a cambiar
de color los días nublados.
Personas
medicina, personas hogar, personas mágicas. Esas que te abrazan para recomponer tus partes rotas, pero también para
recordarte que están ahí y que se alegran de todo lo bonito que te
pase en esta vida. Esas que recorren contigo el camino de la vida, te descubren
matices preciosos en emociones ya conocidas y te muestran que aún hay muchos
lugares maravillosos que visitar y otras tantas formas de mirar.
Las buenas personas desprenden calma y una sensación
de bienestar tan solo con su presencia. Gracias a esas personas por hacernos uno
de los mayores regalos.
De nuestras palabras depende nuestro futuro, así que
empecemos a cambiar nuestra vida, cuidando las palabras que decimos y
nuestra forma de hablar.