Nuestro futuro sólo puede ser plantado, regado,
cuidado y cosechado por nosotros mismos. No debemos pensar que el destino es
algo inherente, fijo y quieto. No debemos ser víctimas de antiguas
creencias que culpan a grandes y omnipotentes divinidades por todo lo que
sucede con nosotros. No hay ningún ser de inmenso poder que decide por
nosotros. Es nuestro corazón que escoge los caminos a seguir, y nuestros
pies que avanzan por ellos.
Todos los seres humanos somos energía y nacemos con
sensibilidad nos reinventamos desde que nacemos, desde nuestra infancia y
empezamos a construirnos desde el foco familiar.
La vida es un hermoso don que nos ha sido concedido.
Y depende únicamente de nuestra alma, de nuestro corazón y de nuestro
pensamiento qué hacer con ella. El tiempo que nos es ofrecido es un bien
precioso que necesitamos respetar y amar, haciendo del mundo a nuestro
alrededor algo hermoso, y cautivante. El destino es una cuestión de querer. Y
querer es poder.
Siempre debemos encontrar la energía dentro de
nosotros mismos para superar y mirar el futuro con esperanza y sueños.