¿Te
has preguntado alguna vez si sabes qué emoción estás sintiendo en este preciso
momento? O, por el contrario, ¿intentas
ocultar constantemente las emociones que florecen en ti? Si es así, ¿te has
parado a pensar por qué?
Cuando
intentamos esconderlas, realmente nos estamos dañando a nosotros mismos. Nos
estamos poniendo una especie de armadura que hace que nos reprimamos
emocionalmente y esto dificulta mucho un desarrollo social adecuado.
Pensemos
en un ejemplo: Imagina que tu pareja, tras varios años de relación, decide
terminar con ella porque siente que el amor terminó. Hay diferentes formas de
afrontar esa ruptura y en todas ellas las emociones tienen un papel importante.
Al
prestar atención a cómo nos sentimos nos entendemos mejor a nosotros mismos y
tenemos un mayor control emocional propio, obteniendo de esta manera una buena
regulación. Es importante que dejes fluir las emociones, es decir, que atiendas
esa emoción cuando aparece, y que busques cuál es su origen, porque esta
emoción te está intentando dar un mensaje.
Las
emociones nos brindan la oportunidad para actuar de una forma diferente ante
una situación concreta, nos guían para saber cómo actuar dependiendo de qué
situación para facilitar la toma de conciencia de lo que nuestro cuerpo está
experimentando. Nos dan una referencia de lo que nos sucede en un momento
determinado, y la energía adecuada para actuar en cada situación.