¿Tienes
buenas y sólidas razones para hacer lo que haces? Súmalas y agárrate a ellas.
Te ayudarán a abrirte paso hacia delante.
Cuando
tienes buenas razones o, al menos, una
razón poderosa, es más difícil que una excusa o una distracción te
saquen del camino.
Es
más difícil que sucumbas a las dudas o que pierdas mucho tiempo lamentándote.
Es más difícil que dependas por completo de los demás para motivarte.
Tú tienes razones o, al menos, una buena
razón para continuar
Date
esa razón, entonces. Y, si no la encuentras en lo que estás haciendo, considera
otras opciones, un camino distinto en
el que sí halles una gran razón para recorrerlo.
Porque
tropezarás, te caerás, te equivocarás, sudarás, llorarás, vencerás mil
tentaciones, encajarás golpes y quizás grites de dolor antes de llegar al
final.
Pero
lo harás sin haber perdido el valor y sin haber faltado a la promesa que te
hiciste. Pase lo que pase, habrá valido la pena.
Porque,
cuando tú sabes cuál es la recompensa y esa recompensa es algo que deseas con
toda tu alma, nada puede detenerte.